(segun los manuscritos frisios)
Segunda parte de los escritos de Minno
Cuando Nyhelenia, cuyo nombre era Minerva, se asentó firmemente, y la gente de Grecia[1]
casi la amaba tanto como nuestro propio pueblo la amaba, algunos príncipes y
sacerdotes vinieron al burgo para preguntar ironicamente que dónde estaban "sus tierras
heredadas" (Minerva significa mi herencia).
Helenia respondió: “Llevo mi herencia (min erva) en mi corazón,
porque lo que he heredado es amor por la sabiduría, la justicia y la
libertad. Si perdiera este amor por mis valores [034] serìa como la más burda de vuestras esclavas. Ahora doy consejos sin costo, pero entonces tendría que venderlos”.
Los señores se fueron y gritaron riendo: “¡Tus humildes siervos,
sabia Helenia!”. Pero fallaron en su objetivo, porque el pueblo que
la amaba y la seguía, adoptó ese nombre como un título honorífico para ella.
Cuando los sacerdotes se dieron cuenta de que habían fallado en su objetivo de desacreditar a Nihelenia, afirmaron que ella había hechizado al pueblo.
Pero nuestras gentes y también la buena gente de Grecia pudieron refutar
eficazmente esa calumnia.
Más tarde los sacerdotes volvieron y preguntaron: “Si usted no es una
hechicera, ¿para qué sirven esos huevos que siempre lleva consigo?”.
Minerva respondió: “Estos huevos son el símbolo de las recomendaciones
de Frya, en las que se esconde nuestro futuro y el de toda la humanidad.
El tiempo debe incubarlos y nosotros debemos tener cuidado de no
dañarlos”.
Los sacerdotes: “Muy bien. ¿Pero para qué sirve el perro que aparece en la mano derecha en tu escudo ?”. Helenia respondió: “¿Acaso el pastor no tiene un perro
para mantener unidas a sus ovejas? Lo que el perro es al servicio del
pastor, yo lo soy al servicio de Frya. Cuido su rebaño”.
“Eso suena bien”, dijeron los sacerdotes, “pero dinos: [035] ¿Qué significa el búho que siempre está sobre tu cabeza? ¿Es esa criatura nocturna acaso el signo de tu clarividencia?”.
“No”, respondió Helenia. “Él me ayuda a recordar que hay un tipo
de personas que deambulan por la tierra. Viven como él en templos y
cuevas. Merodean en la oscuridad, pero no como él, para liberarnos de
ratones y otras plagas, sino para tramar artimañas con las que puedan
robar el conocimiento de otras personas, para tenerlas bajo su control,
esclavizarlas y beber su sangre como hacen los vampiros”.
En otra ocasion los sacerdotes vinieron con un gran grupo de personas. Estaban afectados
por la peste y dijeron: “Estamos haciendo sacrificios a los
dioses para que alejen la peste. ¿No quieres ayudar a calmar su ira? ¿O
has traído tú misma la peste sobre la tierra con tus artes?”.
No”, dijo Minerva. “Y no conozco dioses que hagan el mal, así
que tampoco puedo pedir que dejen de hacerlo. Conozco un solo Dios, que
es el espíritu de Wralda. Y debido a que Dios es perfecto, no hace el
mal”.
“¿De dónde viene entonces el mal?”, preguntaron los sacerdotes.
“Todo el mal proviene de ustedes mismos y de la estupidez del pueblo que los sigue”.
“Minerva, si tu ser supremo es tan especialmente bueno, ¿por qué no detiene el mal?”, preguntaron los sacerdotes.
Helenia respondió: “Frya nos [036] ha mostrado el camino y el Carretero [2]-
que es el tiempo - debe hacer el resto. Para cada desgracia hay consejo
y ayuda, pero Wralda quiere que los busquemos nosotros mismos, para que
nos hagamos más fuertes y más sabios. Si no queremos eso, él nos deja
chapotear para que experimentemos las consecuencias de los actos sabios y
tontos”.
Entonces un príncipe dijo: “Me pareceria aún mejor que no existiera el mal”.
“Lo entiendo”, respondió Helenia. “Porque entonces el pueblo
permanecería como ovejas mansas. Tú y los sacerdotes querrían
pastorearlos, pero también esquilarlos y llevarlos al matadero. Nuestro
ser supremo no lo quiere así. Él quiere que nos ayudemos unos a otros,
pero también que todos seamos libres y más sabios. Debido a que este es
también nuestro deseo, nuestro pueblo elige a sus líderes, condes,
consejeros y todos los jefes y maestros de entre los más sabios de los
buenos hombres, para que todos se esfuercen por ser más sabios y
mejores. De esa manera, algún día sabremos y enseñaremos a otros
pueblos, que ser y actuar sabiamente conduce a la iluminación”.
“Eso parece una condena”, dijeron los sacerdotes, “pero si según tù la peste es consecuencia de nuestra estupidez, ¿no sería bueno que
Nyhelenia nos concediera algo de esa nueva claridad de la que está tan
orgullosa?”.
“Claro”, dijo Helenia.
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“Los cuervos y otras aves solo se acercan a la carroña podrida, pero la
peste no solo gusta de la carroña podrida, sino también de las
costumbres y hábitos corruptos y el encarcelamiento. Así que si quieres
que la peste desaparezca y no regrese más, debes cerrar las cárceles y
asegurarte de que todos se vuelvan puros, por dentro y por fuera”.
“Queremos creer que tu consejo es bueno”, dijeron los sacerdotes,
“pero dinos: ¿Cómo podemos lograr que todas las personas bajo nuestro
gobierno lleguen a eso?”.
Helenia se levantó de su asiento y habló: “Los gorriones siguen
al sembrador, los pueblos a sus buenos líderes. Por eso debes
purificarte primero a ti mismo, para que puedas mirarte por dentro y por
fuera sin sonrojarte de vergüenza ante tu propia conciencia. Pero vosotros en
lugar de purificar a vuestro pueblo, lo habeis proveído de fiestas corruptas, en las que se bebe hasta revolcarse como cerdos en el lodo, y se satisfacen los mas bajos instintos”. El pueblo comenzó a vitorear y a
insultar a los sacerdotes, por lo que los sacerdotes no se atrevieron a continuar su
discusión verbal.
Después, esperaramos que los sacerdotes movilizaran a su pueblo por todas partes para expulsarnos a nosotros del país que nos habìa acogido. Pero no, en lugar de hacer hablar mal sobre ella, fueron por todas partes, incluso en las
lejanas partes de Grecia hasta los Alpes, proclamando que el Dios supremo [038] habia enviado a su sabia hija Minerva, apodada Nyhelenia, entre la gente en
una concha marina, para dar buenos consejos, y que cualquiera que
quisiera escucharla se volvería rico y feliz y algún día gobernaría
sobre todo el reino terrenal. Colocaron sus imágenes en sus altares y
las vendieron a los crédulos. Hicieron públicos consejos que ella nunca
había dado y describieron milagros que nunca había realizado.
De manera astuta, lograron apropiarse de nuestras leyes y
preceptos y, con falacias, pudieron adaptarlos y tergiversarlos a su
manera. También tomaron damas bajo su protección, aparentemente bajo la
tutela de Festa[3],
nuestra primera madre honoraria, para velar por la luz sagrada. Pero
esa luz la habían encendido ellos mismos y, en lugar de educar a las
damas y luego enviarlas entre el pueblo para curar a los enfermos y
enseñar a los niños, las mantuvieron ignorantes y en la oscuridad, y no
se les permitía salir. Eran utilizadas como consejeras, pero ese consejo
parecía provenir solo de ellos mismos, porque su boca no era más que el
conducto que los sacerdotes podían usar a su antojo.
Después de la muerte de Nyhelenia, quisimos elegir a otra Madre. Algunos querían ir a Texlandia
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para pedir a alguna sabia allí. Pero los sacerdotes, que habían vuelto a
tener a su pueblo bajo control, no querían permitirlo y nos tacharon de impíos ante su pueblo.